Estrella sin deseo / Cuando el cielo dejó de responder y dos mujeres rotas se encontraron
Prólogo Aquella noche el cielo parecía demasiado grande para una sola persona. Cristina subió al viejo muro de ladrillos con el peso de veintitrés días de duelo sobre los hombros. No buscaba consuelo. No buscaba respuestas bonitas. Solo quería que el universo la aplastara un rato, hasta que respirar doliera menos. Hacía poco más de tres semanas que había visto consumirse a Fernando en una cama de hospital. Veintitrés días viendo cómo se derretía como una vela. Veintitrés días de mentiras piadosas, de máquinas que pitaban y de un silencio que nadie se atrevía a nombrar. No creía ya en estrellas fugaces. No creía que los muertos se convirtieran en luces en el firmamento. Había dejado de pedir deseos mucho antes de que él se fuera. Y entonces pasó. Una estrella fugaz larga, perfecta, casi arrogante, cruzó el cielo justo sobre ella. Cristin...