Hay miradas que no se olvidan
Prólogo Hay personas que aparecen en nuestra vida cuando aún no sabemos defendernos del mundo. Llegan en los años torpes, en los recreos largos, en la edad en la que una palabra duele más de lo que debería y una mirada amable puede salvar un día entero. A veces no hacen ruido. No prometen nada. Solo se sientan a nuestro lado en el banco más apartado del patio y, sin saberlo, nos enseñan que no estamos solos. Luego el tiempo cumple su costumbre. Nos separa. Nos cambia. Nos llena de obligaciones, de caminos equivocados, de silencios que parecen definitivos. Y creemos que aquello quedó atrás. Pero hay recuerdos que no envejecen. Hay nombres que esperan dormidos durante años. Hay ojos capaces de reconocernos incluso cuando nosotros mismos ya no sabemos quiénes somos. Esta es la historia de Héctor y Lucía. Dos niños heridos que un día se encontraron. Dos adultos perdidos que tuvieron la valentía de buscarse de nuevo. Porque algunas personas no llegan tarde. Solo regresan cuando por fi...